Algunos arácnidos viven en ambientes abiertos dentro de cuevas en el suelo o bajo las piedras. 

Se alimentan de insectos y otros arácnidos que cazan en las inmediaciones de sus cuevas en la noche, momento en que son más activas. Durante todo el año permanecen en sus reductos, pero en los meses de primavera-verano estos animales se reproducen, y es allí cuando los machos salen en búsqueda de pareja.

Con un gran pico de actividad en el mes de noviembre, los machos abandonan la seguridad de sus refugios para encontrar la mayor cantidad posible de hembras. Antes que la canícula, la deshidratación o un depredador terminen con su propósito mayor, que es dejar descendencia, los machos caminaran kilómetros hasta encontrar un hilo de seda que los guía hasta la entrada del hogar de una compañera.

A diferencia de las hembras o juveniles que se desplazan poco y principalmente de noche, los machos utilizan todo el día y gran parte de la nocturnidad para su búsqueda.

Los días de tormentas de verano favorecen a que grandes cantidades de machos salgan de su refugio hacia una búsqueda sin retorno. Al final del periodo reproductivo los machos habrán muerto, pero las hembras que visitaron tejerán un saco de tela donde depositarán sus huevos. Entre unos o dos meses más tarde emergerán cientos de crías, que se dispersarán caminando hasta encontrar un nuevo hogar cerca de su madre. Las especies de gran tamaño pueden tardar más de siete años para llegar a su edad reproductiva, y se estima que las hembras pueden vivir más de 30 años. 

Las especies de tarántulas que se encuentran en Mendoza, vistas en gran cantidad en el Valle de Uco, presentan sus períodos reproductivos desde septiembre, como es el caso de Grammostola diminuta (largo del cuerpo sin patas 2,5 centímetros) hasta febrero como Grammostola inermis (largo del cuerpo sin patas 5 centímetros).

Durante todo este tiempo es normal cruzarnos con machos en rutas, calles o barrios que estén cerca de descampados. Las tarántulas viven en el monte y piedemonte desde antes que los grandes conjuntos habitacionales, por lo que también es normal que aparezcan al realizar movimientos de suelos y romper sus refugios.