Según la versión oficial, los grandes fondos de Estados Unidos le hablaron a Guzmán con el corazón. Queda por ver si en los próximos días le responden con el bolsillo.

La apuesta a «empoderar» al ministro de Economía, Martín Guzmán, está llevando al Dólar Blue cerca de los 200 pesos, mientras el Contado Con Liquidación ya está en $ 181. La teoría libremercadista de Guzmán, que en la Argentina no funciona.

Durante semanas, políticos, economistas, periodistas y opinólogos varios pidieron una dirección “centralizada” de la economía, con una mayor “coordinación” entre el Ministerio de Economía y el Banco Central. Algo que el Gobierno oficializó a partir del lunes, pero con resultados exactamente inversos a los buscados.

El “empoderamiento” de Martín  Guzmán ministro de Economía, sobre el resto del gabinete económico, está haciendo volar el dólar por los aires. Desde el cierre del lunes, cuando se anunció el “Plan Guzmán” cerca de las 18 horas, el Contado Con Liquidación (CCL) pasó de 165 a 181 pesos, el MEP o Bolsa de 153 a 163, mientras que el Blue (o ilegal) saltó de 181 a 190 pesos. En apenas tres días, devaluaciones de 9,7%, 6,5% y 5% respectivamente.

Las explicaciones de esta corrida devaluatoria van desde los argumentos instalados y políticamente correctos, hasta -la parte más jugosa- lo que diferentes funcionarios del Gobierno y operadores del mercado admiten off the record. En este argumentario juegan fuerte: el error de diagnóstico liberal que hizo Martín Guzmán, la defensa del interés de los fondos que considera “amigos” porque lo ayudaron a cerrar el canje de deuda y una enorme cantidad de pesos dispuestos a pagar cualquier precio con tal de convertirse en dólares.

El economista formado en la La Plata, profesor de la Universidad de Columbia, llegó al Gobierno con el prestigio que significa ser discípulo de Joseph Stiglitz, lo que incluye coautoría de artículos entre ambos. Un argumento que tanto el presidente Alberto Fernández, como la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, compraron gustosos. Y que dio sus frutos cuando la Argentina cerró su reestructuración de deuda externa en menos de tres meses.

Sin embargo, la “gloria” que trajo tranquilidad cambiaria durante apenas un día, obvió algunos datos de fondo. Por ejemplo, que la oferta pasó de 35 a más de 53 dólares por lámina de 100, casi el ideal que pretendían los grandes fondos concentradores de bonos en default. También que Argentina adelantó el período para comenzar los pagos. Como antes los opositores lapidaron a Guzmán como inepto e incapaz, ahora los oficialistas se apuraron a tratarlo de genio. Ni un extremo ni otro se ajustan a la realidad.

Argentina no funciona como Estados Unidos

La experiencia académica y profesional de Guzmán en el país del Norte, de aproximadamente una década, parece volverse un pasivo más que un activo para resolver la crisis económica actual. No hay doctorado, cargo en Columbia ni amistad con Stiglitz que valgan cuando hay grandes fondos de inversión a los que les sobran pesos y los quieren convertir en dólares.

“Guzmán se cree que los mercados financieros en Argentina funcionan igual que en Estados Unidos. Pasó tanto tiempo allá que no entiende cómo funcionan las cosas acá”, admitió, con cierto dejo de preocupación y tristeza, un ex presidente del Banco Central a NA. En esencia, la hipótesis, de cuño estrictamente liberal, del ministro, es la siguiente: si se liberan los mercados de CCL y MEP, habrá no sólo mayor demanda sino también más oferta, la interacción entre ambas funcionará mejor, y los precios tenderán más al equilibrio que a la especulación.

A tres días del “Plan Guzmán”, planteado así parece extemporáneo. Pero basta recordar el comunicado que el Ministerio de Economía envió a última hora de la tarde del lunes. Allí se habló de tomar “una serie de decisiones coordinadas a efectos de reordenar distintos aspectos normativos que afectan la operatoria en el mercado de capitales”. En términos concretos, los cambios eran principalmente tres: reducción a tres días del “parking” (entrada y salida de capitales en bonos), “favorecer el proceso de intermediación para incrementar la liquidez de los instrumentos locales” y “fomentar la operatoria de emisiones locales en mercados regulados argentinos”. Sumado a ello, la emisión en noviembre de deuda pública por u$s 750 millones. Una receta de cuño claramente liberal o macrista.

El martes, cuando el mercado le dio la bienvenida al Plan Guzmán, el CCL saltó de 162 a casi 172 pesos. En tanto que el MEP pasó de 153 a 161 pesos. “Se ve que la teoría de Guzmán no funciona. Como el parking se redujo de 5 a 3 días, hubo mayor oferta. Pero no alcanzó para satisfacer la demanda o bajar el precio”, se burló el funcionario de un área económica que ahora está bajo la “coordinación” del ministro de Economía.

Teoría liberal o ayuda para los fondos “amigos”

En el equipo económico del Gobierno hay consenso sobre cuál es el problema del CCL y el MEP: fondos que tienen pesos “reperfilados” durante las postrimerías del Gobierno de Macri, que buscan salir del país a cualquier precio. Para transformar esos bonos en pesos a valores en dólares, están dispuestos a pagar lo que sea. Según la fuente consultada, el dinero disponible en esta especie de limbo va desde 6.000 hasta 10.000 millones de dólares.

Se explicó claramente que “las compras realizadas” por las sociedades de bolsa (hoy llamadas agentes de liquidación y compensación, ALyC) “son el reflejo de otro negocio de intermediación financiera de gran envergadura. Se trata del desarme de las tenencias de deuda pública denominada en moneda local que poseen los grandes fondos de inversión extranjeros (Templeton, PIMCO, Blackrock y Fidelity, entre otros)”.

Entre enero y agosto, por esta operatoria, las ALyC ganaron $ 54.000 millones en comisiones, de acuerdo al mismo informe. Agua en el desierto de la recesión provocada por la pandemia y la cuarentena. El mercado combinado del CCL y el MEP llegó a mover u$s 365 millones diarios en abril, bajando a u$s 106,3 millones durante agosto.

El informe señala que ese mercado funciona porque el “grupo de grandes fondos de inversión extranjeros que en tiempos de Macri buscaron aprovechar las ganancias que generaba el carry-trade, quedaron atrapados en títulos de deuda pública en moneda local luego del reperfilamiento de la deuda que llevó adelante” el ministro Hernán Lacunza.

El problema para el país, siempre de acuerdo a ese informe, es que “la economía argentina gasta dólares para financiar el proceso de desarme de sus tenencias de títulos en pesos de los grandes fondos de inversión que financiaron al gobierno de Macri”. Que son los mismos que negociaron con Guzmán el canje de deuda y se llevaron gran parte de lo que pretendían, mientras el relato oficial lo ungía de negociador exitoso.

Frente a este panorama, en el Gobierno hay dos interpretaciones. La más favorable, que el mercado del CCL y el MEP tenderá a un equilibrio tras el movimiento especulativo inicial, y esa es la apuesta del Plan Guzmán. La más cruda, que el ministro buscó favorecer a los mismos fondos de inversión extranjeros con los que tiene relación. En esta dirección, el lunes circuló que las personas físicas que había comprado dólar ahorro podrían invertir en MEP o Bolsa, algo para lo cual hoy deben esperar 90 días. Sin embargo ello no ocurrió, y la liberalización del mercado fue sólo para personas jurídicas, en definitivas grandes fondos del exterior como Templeton, Black Rock o Fidelity.

Cualquiera sea la versión más cercana a la realidad, no está funcionando para frenar la devaluación. Por el contrario, parece encaminarse sin control a un dólar por encima de los 200 pesos. La incógnita es hasta cuándo alcanzará con frase amables como el “empoderamiento” o “volumen político” que se le otorga a Guzmán. En términos más crudos, hasta cuándo durará la paciencia de Alberto Fernández y Cristina Kirchner con un ministro que no está dando los resultados esperados.

Hoy un juramento, mañana una traición

Ayer hubo dos declaraciones que parecieron demasiada casualidad para una misma jornada. El director del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Axel Werner, señaló en conferencia de prensa que la caída en los valores de bonos argentinos se debe a “incertidumbres por políticas doméstica”. Unas horas después, apareció un comunicado de grupos de bonitas que adhirieron a la propuesta argentina para la reestructuración de la deuda pidiendo un plan económico “coherente” y apuntando que “ya no es plausible que el Gobierno de la Argentina culpe de sus problemas al legado económico que heredó. Los acreedores ya cumplieron su parte, brindando una oportunidad histórica a la Argentina para comenzar de nuevo. Ahora le toca a Argentina y al FMI hacer su parte”.

El comunicado apareció con las firmas de dos de los principales grupos de acreedores que adhirieron al canje de la deuda: Exchange Bondholders Group y el Comité de Acreedores de la Argentina. Mientras que no adhirió el Grupo Ad Hoc, que integraban BlackRock, Ashmore, Fidelity y T. Rowe Price, entre otros. Es decir, los que buscan salir de sus pesos reperfilados a través del CCL y el MEP. Una curiosa generosidad, o la estrategia de pedirle a otros que hablen por sus intereses.

Tras este golpe público, voceros del Gobierno salieron a instalar que Guzmán había recibido mensajes de los principales grupos de acreedores despegándose del comunicado, con mensajes alentadores como “ese comunicado es chiste, no tenemos nada que ver”; “buscan desestabilizar”; o “lo siento mucho, fue impulsado por un grupo en Suiza”. En esa línea argumentativa, sólo faltó que le desearon suerte para Gimnasia y Esgrima de La Plata, el equipo del cual Guzmán es hincha.

Pero los voceros oficiales no se conformaron con difundir esta cadena del ánimo. También apuntaron que “el diálogo con los acreedores continúa siendo fluido”. Habría que ver para qué, considerando que el canje de la deuda ya está cerrado. Como además apuntaron que “algunos quedaron con heridas abiertas por confiar en un modelo que estaba destinado al fracaso, quedando en una posición poco cómoda y porque de alguna forma fue un logro de Guzmán, a quien quisieron bajar reiteradas veces durante el proceso. Es momento de suturar las heridas”. Curiosa interpretación, considerando que el canje de deuda rondó el 99% de aceptación. ¿El 1% restante habrá dejado muchos heridos?

Fuente: NA/Por Lucio Di Matteo