Así lo afirman desde la Asociación Mendocina de Terapia Intensiva. La evaluación que han realizado sobre su utilización no es buena, por distintos motivos.

En septiembre el Gobierno de Mendoza compró 500 cascos de oxígeno para distribuirlos en diferentes hospitales de la provincia, con el objetivo de evitar que los casos de gravedad intermedia culminarán en cuidados intensivos y se pudieran asistir en sala común con este soporte respiratorio.

Su valor ronda los 600 dólares cada uno.

A dos meses de su implementación, desde la Asociación Mendocina de Terapia Intensiva expresan que han sido poco útiles. «Se adquirieron con la intensión de mejorar las condiciones de confort de los pacientes con neumonía por Covid-19. Pero la verdad es que estos cascos para la administración de oxígeno tiene una escasa evidencia mundial sobre su eficiencia. Los terapistas están más acostumbrados a usar estas escafandras en el contexto de una terapia intensiva y conectados a un respirador porque, de esta forma, no solo se administra oxígeno sino que también presión positiva para ayudarle al paciente en el trabajo respiratorio. Esto en sala común no se da porque solo se administra oxígeno con los cascos», indicó Fernando Kurban, médico especialista en terapia intensiva a radio Nihuil.

En muchos casos los pacientes manifiestan sensación de encierro, más allá de que sea más cómodo que la tradicional máscara. Y si la finalidad es ser utilizado en sala común complica aún más la tarea de los intensivistas.