30 de enero de 2023

Luisito Irrutia: una historia y un legado familiar en las escuelas de Tunuyán

Luis Alberto Irrutia, quién con sus 75 años de vida y una historia que atraviesa a miles de vidas de estudiantes, docentes y compañeros de escuela. 
«El Luisito», con 30 años en su amada Escuela Normal de Tunuyán lo recibía, sin saber que una vida juntos tenían por delante. 

El jardinero que llegó un día a limpiar una escuela y se quedó 37 años trabajando tuvo sus comienzos en dos escuelas del departamento, su laboral se dividía entre el Normal y la Escuela ENET, repartiendo su tiempo en los dos lugares.
Se jubiló en 2014, con años cargados en sus hombros, con miles de «muñequitas» que fueron agasajadas con los piropos más risueños. Un Luisito que contó chistes en los pasillos y patios del Normal, robando sonrisas, abrazos, besos y tanto cariño que sólo él puede constatar. 
Un par de veces también tuvo que poner límites, no eran retos, sino llamadas de atención para hacerle entender al alumno que el mundo tiene valores y las buenas personas los usan para hacer el bien, y quizás más que un llamado de atención eran palabras de experiencia que la vida te ponía adelante.
Hace algunos años que el Luisito ya no limpia los bancos, ni tampoco pasa el lampazo, mucho menos abre y cierra la escuela, es que otra etapa lo tiene atrapado, la de disfrutar su jubilación: su familia y sus amigos son su enfoque.

Un legado familiar
El legado de Luisito aún sigue en pie, padre de cuatro hijos, le ha brindado a las escuelas a sus hijos varones: Luis(hijo) quién es celador en la Escuela Vicente López  y Mauricio quién se desempeña también como celador en la Escuela Normal Superior Gral. Toribio de Luzuriaga. Ellos quiénes recibieron en primera línea los valores de su papá y tienen la difícil responsabilidad de continuar con el legado de Luisito, continúan la historia y son inevitablemente comparados, por muchas personas, con el incondicional cariño y respeto de su padre.

Luis (padre) y Luis (Hijo) abrazados en la puerta de la escuela Vicente López
Mauricio en el pasillo de escuela Normal


Una familia ligada a la educación, en un rol muchas veces olvidado como es el celador, pero con una función tan importante como la tienen decenas de personas en cada rincón del departamento, dónde hoy por una cuestión particular no asisten a las instituciones, pero cuando lo hagan tendrán la posibilidad de abrir escuelas y también sus vidas y corazones para llevar a cabo una de las tareas más nobles como es brindar un servicio a los demás. 


A través de Luisito saludamos desde antenapais.com a todos los celadores y celadoras que limpian aulas y limpian lágrimas, que barren patios y malos recuerdos, que brindan una merienda y un abrazo, que cobran un sueldo y de ahí sacan para ayudar a algún alumno que lo necesita. ¡Feliz día!