30 de enero de 2023

Rosita 87 años de dulzura en las calles de Tunuyán

Rosita Alférez, la vecina de 87 años de los alfajores de maicena de la terminal de Tunuyán que más de uno ha podido degustar, con una historia en su espalda y con los ojos húmedos por momentos nos hace un recorrido por su vida, llena de tropezones y alegrías, testigo de un Tunuyán que ha crecido durante más de 40 años.

Nacida en Bowen, General Alvear; hija de españoles que llegaron con cuatro hijos de Europa y ella Argentina con un amor y dulzura incomparable.

Alvear la cobijó, donde luego siguió hacia San Rafael, Río Cuarto, San Martin. En su estadía la vida la trajo hasta Tunuyán, viuda y con una hija buscando la esperanza de un futuro mejor.

Uno de los personajes más populares de Tunuyán que llegó sin saber cómo hacerlo «Nunca había estado en Tunuyán, estaba en San Martín con mi hermana y me ofrecen un trabajo acá para cocinar con la familia Salguero, no había terminal, yo no sabía ni leer ni escribir. Había una fila larga del cine que estaba acá y me mandaron hasta la casa con la mala suerte que a los dos meses se pelearon los hermanos y me tuve que ir porque me quedé sin trabajo» comenta Rosita.

Al tiempo comenzó a trabajar haciendo un reemplazo a una amiga con la familia Mestre «Una amiga me dijo que le hiciera el reemplazo y que ella después volvía y le devolviera su lugar y así fue porque la palabra tenía valor, la gente no se traiciona a como ahora que necesitan testigos y demás, eran valores y mientras más valores más respetado eras, más educado, ahora ya no es así.» Cierra analítica mientras compara dos épocas significativas en su vida.

«A mi me criaron dándome trabajo muchas familias de Tunuyán, soy parte de acá. Hace un tiempo dijeron que me había perdido y no era así, me distraje charlando y no escuché el celular que me llamaba mi hija, me buscaban por todos lados. «¿Cómo van a querer a una vieja y arrugada como la Rosita?» Se pregunta con los ojos húmedos y las lágrimas en sus mejillas. «Lloraba de la risa después porque ni siquiera me había ido con un chico» dice riéndose para evitar la emoción en sus ojos.

En realidad ella comenzó vendiendo tortitas, sánguches caseros, sopapillas y muchas otras cosas dulces que le pedían. Lo hacía por cantidad y recorría las calles tunuyaninas de punta a punta. El tiempo pasó y el cuerpo empezó a agitarse y encontró en la terminal un lugar fijo para vender sus ricos alfajores que la han hecho conocida «El otro día un chico de 20 años me dijo que su abuela le compraba mis alfajores cuando él era chiquito y justo me vio en la calle y se acordó de mi. Lamentablemente yo no me acuerdo de él, pero si me buscó por todos lados hasta que llegó a mi casa para contarme su historia».

Una Rosita sensible que nos abre su corazón y nos dice cómo era Tunuyán » Acá no había nadie, ni colectivos. En la Sidrera no teníamos ni luz, yuyos por todos lados, lo más lindo siempre fueron los carnavales. Yo me disfrazaba de torero y llenaba de espuma la gente y corría por las calles divirtiéndome con mi amiga Yoli. Se hacía en la Cancha del Sport y sobre la calle.»

«Nunca pensé que la gente me iba a respetar tanto, para mí Tunuyán es todo, como una familia, yo perdí la mía muy chiquita a los 11 años perdí mi papá y a los 5 meses a mi mamá. Acá en Tunuyán estoy recuperando eso familia perdí» culmina una mujer que vivió la vida con una sonrisa, trabajando y siendo parte de la historia de Tunuyán.