21 de octubre de 2021

Resurge la UCR ganó más distritos que el PRO en las internas y piensa en 2023

El mapa de la Argentina no se pintó de amarillo. Dividido en partes casi iguales, el PRO quedó por debajo de los territorios conquistados por un radicalismo que se ilusiona con plantarse de igual a igual, disputar una PASO y ganarla.

La alianza opositora en la Argentina que es  el PRO y la UCR se necesitan mutuamente, la elección radical a nivel país planteó una paridad de acciones societarias y la posibilidad de poder hoy muestra a la coalición como un bloque ordenado cuyas fisuras, que seguramente surgirán con las internas presidenciables, podrían mostrarse recién el año que viene. Es que el partido centenario entendió que no sólo puede disputar una PASO de igual a igual, sino que también puede ganarla.

El mapa del 12 de septiembre no mostró, a diferencia de las fotos del día después, un territorio amarillo. La Argentina se pintó de celeste para el Frente de Todos, de rojo para el radicalismo y, en menor medida, del color de los patitos para el PRO. Ese juego de fuerzas será el que se pondrá en discusión camino al 2023 pero no ahora. En Buenos Aires, Facundo Manes arrasó en la mayor parte de la provincia, especialmente en el interior productivo, pero Santilli se quedó con el populoso conurbano, lo que le bastó para plantarse como primero pero no como la única figura a mostrar para las elecciones de noviembre.

Los bonaerenses de Juntos definieron mostrarlos de igual a igual, algo que la UCR espera que se replique a nivel nacional. De hecho, los radicales ganaron en Santa Fe, en Misiones, en Corrientes, Mendoza, Chaco, Jujuy, Santa Cruz y fueron parte protagónica de las victorias en Córdoba y La Pampa. El PRO, en cambio, logró alzarse con el primer puesto en la CABA, San Luis, Chubut, Tierra del Fuego y Buenos Aires, con una elección radical que los sorprendió.

Con los resultados, el radicalismo mostró dos cosas: por un lado, hacia adentro, que hay dirigentes nuevos que plantean la necesidad de un recambio y, por otro, que el partido tiene la capacidad de ir a una PASO con el PRO e, incluso, ganarla. Por eso, quedó en claro que ambos espacios son socios en igualdad de condiciones, nadie tiene la acción de oro, el 50 + 1 % de los votos internos para decidir. La nueva Era: una conducción colegiada que, al menos de momento, pareciera respetarse.

u único objetivo fue, desde el inicio de la carrera electoral, sacarle el quórum a Cristina Kirchner en el Senado y, ahora, ser la primera minoría en Diputados. Por eso, un boicot interno parece una opción lejana. Por poner un ejemplo, en Buenos Aires no sería un problema, para la UCR, una victoria de Santilli y su consiguiente fortalecimiento como posible candidato a gobernador en 2023. En todo caso, ese podría ser un problema del PRO que vería a otros postulantes tapados por la imagen del ex porteño: una lista que incluye a Jorge Macri, por ejemplo. Sobre el intendente de Vicente López revolotea la posibilidad de ser ministro del AMBA, un invento larretista que negaron «por ahora» desde el Gobierno porteño pero que confirmó otra fuente al tanto de la negociación.

En el caso radical, por el momento sólo se envalentonaron con la posibilidad de disputar una PASO en 2023 con chances de ganarla. Y ese es el premio. A los intendentes no les conviene que le vaya mal a su candidato nacional porque tracciona boletas locales, donde los concejales son clave. “En noviembre va la de ellos, va la del Concejo Deliberante”, dijo un dirigente opositor el día de la elección para graficar justamente el quid de la cuestión, en este caso para el Frente de Todos. Saben que el oficialismo moverá a sus alcaldes, sin la posibilidad del juego libre de la PASO, para conseguir votos, de abajo hacia arriba, mantener los Concejos y levantar la nómina nacional. Ellos harán lo mismo.

Fuente:elDestape

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