6 de junio de 2023

El ‘cuento de la buena pipa’ o la peregrinación a Canossa

El 'cuento de la buena pipa' o la peregrinación a Canossa
Foto AFP
Foto: AFP.

Los que tengan menos de… años, abstenerse. En mi infancia, uno de los chascarrillos infantiles más fatigados era el famoso “cuento de la buena pipa”. Cuando te preguntaban “¿querés que te cuente el cuento de la buena pipa?” y vos asentías, te replicaban “no, pero yo te pregunté si querés que te cuente el cuento de la buena pipa”… Así hasta el infinito… Hasta que te cansabas y te ibas o te agarrabas a las piñas con el ingenioso de turno.

Bueno, la guerra en Ucrania ingresa en un corredor similar impuesto por la tragedia. Como se le escapó a la Ursula Gertrud von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea y hipotética heredera de uno de los capitalistas más ricos de la Rusia zarista, fueron más de cien mil los soldados ucranianos muertos. De acuerdo con la información oficial del Ministerio de Defensa ruso, la proporción en pérdidas es de 1 ruso por 8 ucranianos.

Por más que luego los desprevenidos burócratas de Bruselas hayan borrado esa confesión y el régimen de Kíev se haya indignado, tales datos NO fueron desmentidos. Sólo la simple indignación por la indebida filtración.

Queda claro también que los brutales bombardeos de artillería y misiles de la OTAN contra las ciudades liberadas del Donbass o los sabotajes en el interior de Rusia no han provocado el derrumbe de las posiciones militares rusas y mucho menos el anunciado colapso de su economía y las consiguientes insurrecciones populares.

Una única cifra proporcionada por una alta fuente bancaria rusa: el comercio exterior registra paridad en las negociaciones con el rublo o con el dólar o el euro. Esto indica que los principales socios comerciales rusos, necesitados de la energía, los fertilizantes, los metales y los commodities rusos les hacen pito catalán a las sanciones y se adaptan a las exigencias de Moscú.

Agreguemos a ello que los arsenales de los países europeos están agotados y que el Pentágono ha debido suscribir nuevos e imprevistos contratos de suministro de armamento con sus proveedores norteamericanos. Para mayor felicidad de esos proveedores norteamericanos, a los que les importa un rábano si se mueren cien, doscientos o un millón de ucranianos, apenas carne de cañón para sus estrictos intereses comerciales.

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Por favor, no olvidemos la calificación que el régimen de Kíev ha merecido de la Unión Europea: el más corrupto del continente. Está documentada la entrega del estado ucraniano a Polonia. Además de las remesas totales de las reservas en oro a Varsovia y la sumisión a las decisiones del banco central polaco, Kíev esta vez no se ha indignado con el tráfico “clandestino” de armas de la OTAN a través de Polonia rumbo al Medio Oriente o a otras regiones “calientes” del planeta.

La fatiga y el stress que produce la incesante repetición de su imagen por parte del comediante vestido de combatiente han obligado al presidente francés Emmanuel Macron y ahora al canciller alemán Otto Scholtz a retomar sus contactos con el presidente ruso Vladímir Putin, otrora cortados airadamente por el francés y el alemán aunque el Kremlin siempre dijo que estaba abierto a las negociaciones.

Esto se entrelaza con las sordas peleas en la propia OTAN. Una interna que enfrenta a Macrón, Scholtz y aliados menores como Italia y España con el bloque anglosajón liderado por Washington con la ciega obediencia de Londres y el furgón de cola canadiense. El inefable economista Jens Stoltenberg, actual secretario general de la OTAN abandonará su cargo en breve. Aunque su gestión no enalteció la función (disparate tras disparate), ambos bloques se enfrentan por el nombramiento del sucesor. Macrón ya desairó la candidatura del ministro inglés de Defensa, Ben Wallace y, con el respaldo de sus aliados, planea acelerar la creación de una fuerza militar sólo europea (de preferencia sólo continental), sin la participación de los Estados Unidos.

Si esta intención “continental” se concreta, será sin dudas el fin de la OTAN, como brazo armado del mundo unipolar, verdadero gendarme mundial presto siempre para aplastar cualquier intento, en cualquier parte del mundo, que procure afianzar una posición independiente y soberana. Fue precisamente la OTAN la que definió en los 90 las nuevas fronteras europeas que todavía hoy repercuten en el conflicto entre Serbia y Kosovo.

Perdón por el agregado, pero recuerden ustedes que Rumania está dispuesta a hacerse cargo del pedazo transcarpático de Ucrania y Polonia ya dibujó sus nuevos mapas, con la reinserción de toda la Ucrania occidental que, antes de la segunda guerra, sojuzgaba y colonizaba. La guerra en el Donbass catapultó estos apetitos y los convirtió en objetivos concretos e inmediatos del “después” de la contienda.

Como constataron politólogos moscovitas, el final de la guerra, sea cual fuere, será el final del estado ucraniano en su actual volumen, mucho mayor que otros grandes estados europeos y mucho más fragmentado de lo que, en su momento, fue la vieja Yugoslavia, gentilmente destrozada por la OTAN en los 90. Lo que quede, como ocurrió en los Balcanes, tendrá que ser soportado por una Unión Europea que hace agua por los cuatro costados.

El panorama no es radiante para Bruselas ni para Washington. La primera porque no tiene recursos, fagocitados por la absurda crisis energética y alimenticia que genera levantamientos populares todos los días y en todos sus países. El segundo, porque la recesión casi se está convirtiendo en estanflación y los Estados Unidos están más desunidos que nunca, con serio pronóstico de enfrentamiento interno.

Así que, con moderación, gentilmente, en forma civilizada, volvieron a aparecer las propuestas de negociaciones de paz. El viejo habitante de la Casa Blanca dice que “no tiene problemas” en discutir el tema con Putin aunque, envuelto en dudas, dice que lo consultará con sus aliados europeos. Macron y Scholtz ya avanzaron reanudando las largas charlas telefónicas invernales con el mandatario del Kremlin. Pero mientras el anciano y los dos eurooccidentales enfrentan serias crisis de respaldo, Vladímir Vladímirovich sigue ostentando más del 80% de apoyo popular, según encuestas independientes.

Por eso vuelve el cuento de la buena pipa. Mientras tratan de ordenar sus angustias, siguen planteando posibles negociaciones que nunca se concretan. Con paciencia, Moscú espera algo más que la pregunta de la buena pipa. Y, con su habitual contundencia, sigue moliendo tropas ucranianas y avanzando en la concreción de su objetivo estratégico planteado al principio de la “operación militar especial”, en febrero pasado: liberar el Donbass, consolidar su retorno a Rusia, desnazificar Kíev y definir el estatus de neutralidad para Ucrania, convirtiéndola en un estado “comodín” entre Rusia y la OTAN.

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Nada que contradiga la propuesta del multimillonario Elon Musk, quien además de estar asociado en el dominio del mundo con Thiel, Rothschild y Rockefeller, comprar Twitter, limitar el uso de su red Satlink en Ucrania y avisar que todos, inclusive Washington y Kíev, tienen que pagar por el servicio, planteó tres objetivos para la paz: 1) Crimea es rusa; 2) Ucrania es neutral; 3) nuevos plebiscitos en las regiones sureñas de Ucrania bajo la égida de la ONU, para definir si se reintegran o no a Rusia.

Así que ahora tenemos, en la nueva versión del cuentito, la propuesta de Musk, las telefoneadas de Macron y Scholtz, las conminaciones de Estambul a Kíev para que acepte la negociación, la errática y afanosa búsqueda de la paz por parte de El Vaticano y la afirmación del vejete, de que no tiene problemas para reunirse con Putin… Ahora, nadie hace lo que pide el enorme canciller ruso Serguéi Lavrov, poeta y cantante en sus ratos libres, en sus permanentes intervenciones: obligar al comediante de la calle Bánkovskaia a bajarse del caballo y negociar, antes de que sea demasiado tarde para él.

Andréi Klimov, senador y titular de la comisión provisoria de Defensa de la Soberanía Estatal del Consejo de la Federación (senado ruso), fue mucho más contundente que su canciller, con respecto al “somnoliento Joe”, como lo definió Donald Trump. Cito: «Así pues, el presidente de los Estados Unidos, quien, siendo todavía vicepresidente, hizo una contribución personal al golpe de estado de Kíev de 2014, incitando a una guerra civil desde 2015, militarizando Ucrania, convirtiéndola en Anti-Rusia, alentando las sangrientas hostilidades del régimen de Zelensky, involucrándolo en su aventura militar de la OTAN, ahora ‘de repente’ comenzó a hablar de negociaciones con Moscú, e incluso ‘olvidó’ mencionar la participación de los títeres de Kíev en ellas».

En Washington muchos insisten en terminar cuanto antes esta “aventurita”, en el estilo de cómo se terminó en Afganistán, para concentrarse en temas mucho más decisivos para la supervivencia del poder hegemónico unipolar. Cada vez resulta más difícil combatir o intentar aunque sea demorar el proceso de unión estratégica entre China, Rusia, la India, Irán y Turquía, por citar algunos países y me olvido de una América Latina cada vez más parecida a la que creó la UNASUR. Cada vez es más complicado resolver problemas económicos como la crisis energética, o alimenticia.

El presidente Xi Jinping dejó una vez más bien en claro cuáles son los límites para la desbocada intrusión norteamericana en el Asia sudoriental. Por si quedaran dudas de por dónde pasa la línea roja, el Ejército Popular de Liberación mantiene el máximo estado de alerta y se despliega en maniobras conjuntas, por tierra, mar y aire, con sus aliados de Rusia, la India e Irán. Ahora, además, con el reelecto presidente kazajo Kasim-Yomart Tokáev acaban de conformar una unión tripartita para la provisión y seguridad energética en toda el Asia.

Apunto una curiosidad: la primera visita internacional de Tokáev fue a Moscú. Demás está decir que con su colega Putin el kazajo habló en fluido ruso…

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Algo muy semejante a lo que ocurrió en 2002 cuando el metalúrgico Luiz Inácio Lula da Silva fue electo por primera vez presidente del Brasil. Su primera visita tras el triunfo fue a Moscú. Muy poco tiempo después, nacía el Grupo BRIC, al que luego Sudáfrica le agregó la “S” y ante el cual ahora hace cola decenas de países, incluyendo la Argentina.

Veamos, pues, cuál es el resultado para el viejo, obsoleto y decadente centro unipolar, de repetir tantas veces el cuentito de la buena pipa. Europa en llamas. El bloque anglosajón tambaleante y jaqueado por sus contradicciones internas y sus ocultos enconos. Sus soportes asiáticos, como Singapur o Japón, francamente pasados a la dependencia energética de Rusia. Una OTAN que ha demostrado hasta el hartazgo su impotencia para imponer su dominio no sólo en Europa, sino en otros continentes.

Por el otro lado, Eurasia surgiendo como la nueva conjunción multipolar, desde Hungría, Serbia y Turquía hasta Indonesia y Shri Lanka. África cada vez más integrada a esta conjunción. El Medio Oriente cada vez más independiente en la defensa y aprovechamiento de sus recursos naturales… América Latina en franco proceso de reconstrucción de una identidad continental, tanto económica como política.

En este punto, es elocuente el inoperante Stoltenberg, quien acaba de cursar una última recomendación a Kíev: “Ucrania debería pensar más que en su ingreso a la OTAN, en la preservación del Estado”… No conozco un llamamiento más claro a la capitulación. De preferencia en negociaciones, antes que el “general Apocalipsis”, como en la OTAN llaman al comandante de las fuerzas rusas en Ucrania, el general Serguéi Surovikin, termine de colapsar toda la infraestructura energética y de transporte que Kíev y la OTAN utilizan para reforzar sus diezmadas y desalentadas tropas.

En el gélido enero de 1077, Enrique IV, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, peregrinó descalzo a través de los Alpes para prosternarse ante las puertas del castillo de Canossa, en la Toscana Italiana y rogarle al papa Gregorio VII que le levantara la excomunión. Tres días y tres noches Enrique permaneció arrodillado bajo la nevada, vestido con una basta túnica de lana, hasta que logró el perdón papal.

Hasta entonces, Enrique había disputado con el Papado la dispensa de bulas, beneficios y rentas para su favoritos y aliados. El Sacro Imperio tuvo que resignar sus ambiciones para otorgar incluso canonjías eclesiásticas.

Desde entonces, por “peregrinación a Canossa” se entiende el humillante reconocimiento de la derrota y el sometimiento al vencedor.

En este caso, claro, no habrá cilicio ni peregrinaje descalzo. Pero, como admitió el comisionado Joseph Borrell, si no hay triunfo en el campo de batalla, la derrota será terrible. El mediocre catalán, Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, puede ser uno de los que sin duda deberá rendir cuenta de sus malandanzas ante el nuevo orden multipolar del mundo.

¿Cuántos más se sumarán al peregrinaje? ¿Cuándo será la partida? ¿Cuántas más víctimas habrá que sufrir antes de que este hegemón cascado, temulento, cegado por su absurda soberbia hinque su rodillas ante ese nuevo orden?

Sin dudas, esas preguntas deberían conformar la agenda principal de una política exterior orientada a la defensa de nuestra soberanía política y nuestra independencia económica. Porque, como lo dijo alguien que de esto sabía algo, la política interna es consecuencia de la política exterior. Ese es el dilema que hay que dilucidar.

El punto crítico…

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